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lunes, 25 de enero de 2016

Cuenta 140 ("chivo expiatorio")


Con cautela, se acercó para susurrarle: “Pronto te enterarás de lo que has hecho”.

El anterior microrrelato fue finalista de la semana pasada, cuyo tema era "el chivo expiatorio".
Mi agradecimiento para Juan Aparicio Belmonte y El Cultural y mi enhorabuena para el ganador: Plácido Romero.

Otros micros que presenté con menos suerte fueron:
  1. Le pidió que, por favor, sujetase el paraguas con el que cometió el crimen y que se convertiría en prueba determinante del juicio posterior.
  2. Me fui de allí. Hiciera lo que hiciese, él siempre me culpaba de sus fracasos.
  3. Se quedaron solos. Abrió la caja de bombones y se comió todos menos uno: el que dio a su hermano en cuanto escuchó: “¡Hijos, he vuelto…!”.
  4. Cuando Carlos (el chico al que sus compañeros de clase hicieron la vida imposible) se suicidó, comenzaron a culparse unos a otros.
  5. Cuando a final de mes los empleados cobraron cien euros menos, el encargado de realizar las nóminas dijo: “La culpa es del ordenador”.
  6. Ni siquiera la grabación en la que confesaba haber dado con la persona ideal para cargar con su culpa le hizo perder las elecciones. 
  7. Transcurridos quince años de mandato, convocó una rueda de prensa para culpar al anterior presidente de la ruina financiera del club.
  8. A pesar de tener un Stradivarius, aquella Suite sonaba fatal. “El violín no da para más” era su excusa.
  9. En las derrotas habían jugado haciendo caso omiso de las indicaciones de su entrenador. Aun así, lo acusaron de ser el único responsable.
  10. Hasta entonces, lo consideraron un policía ejemplar. Nadie supo nunca que manipuló las pruebas y se declaró culpable para eximir a su hijo.
  11. Sabía quién cometió el asesinato. Entre los dos sospechosos que les mostró la policía eligió al que no lo hizo: al indigente, no al mafioso.
  12. La Tierra se desertizó y el nivel del mar subió dos metros. Los líderes de las potencias mundiales comenzaron a culparse entre sí.
  13. La paloma miraba al carpintero mientras señalaba al cielo y decía: "Yo no he sido, ha sido él".
  14. En clase, no atendía ni hacía los ejercicios. Luego en casa tampoco estudiaba. En los exámenes, suspendía por culpa del profesor.
  15. Antes de que se excusase argumentando que había sido un error informático, sonó por el altavoz de su ordenador: “La culpa ha sido de él”.
  16. Alguien propagó el rumor de que era un mujeriego. Esto llegó a oídos de su novia, que canceló la boda. El plan urdido por él surtió efecto.
  17. Le regaló una baraja en la que faltaba el as de picas, carta que guardaba la chica que había estrangulado. Luego, avisó a la policía.
  18. Alguien lanzó el rumor de que era un mujeriego. Cuando la novia se dio por enterada, canceló la boda. El plan urdido por ella surtió efecto.
  19. En su lecho de muerte, por si acaso, confesó todos los hechos que le imputaron y que nunca cometió.
  20. Tras decidir que no querían tener entrenador, los jugadores comenzaron a culparse entre sí después de cada derrota.
  21. Comenzó la regeneración. En la cartera de la toma de posesión había un dossier sobre la persona que le correspondía como chivo expiatorio.
  22. “Tú preséntate allí y haz como si fueras a dispararles. Después entraré yo para explicarles la broma”, dijo a su doble el prófugo atracador.
  23. Todo salió como había previsto: el infortunado elegido veía un espejo mientras él, un cristal.

sábado, 23 de enero de 2016

Wonderland de Ràdio 4 (23 de enero)


Claustrofobia
El centro comercial estaba de rebajas. Había gente en los probadores, en los pasillos, subiendo y bajando escaleras… (No cabía un alfiler). La música, repetitiva y a todo volumen, añadía un plus de agobio a aquel lugar. "¿Pero qué hago aquí?", se preguntaba mientras resbalaba por su frente la primera gota de sudor. El ritmo acelerado de su corazón se sincronizó con el de sus piernas en la búsqueda de la salida. Una vez fuera, tiró su móvil al suelo y lo pisó hasta hacerlo añicos. Cuando cerraron, el personal de limpieza encontró en los servicios tres mochilas con explosivos.

El anterior microrrelato es uno de los cuatro finalistas  del Wonderland de Ràdio 4 de esta semana.
Mi agradecimiento para Rosa Gil y los profesores de L'Art D'Escriure, así como mi enhorabuena para Yolanda Nava (ganadora) y para Rafael Olivares, La Marca Amarilla y Patricia Collado (finalistas).

lunes, 18 de enero de 2016

Cuenta 140 ("punto de sal")


Ni siquiera en su última cena en el corredor de la muerte dieron con el punto óptimo de sal.

El anterior microrrelato fue finalista del Cuenta 140 en la semana dedicada al punto de sal.
Mi agradecimiento a Juan Aparicio Belmonte y a El Cultural de El Mundo.

Otros micros que envíe con menos suerte (de algunos podéis leer diferentes versiones, pero muy parecidas) son los siguientes: 
  1. Para él, todo en la vida carecía de sal. Quizás debía plantearse que era un soso.
  2. Plasmó en sus platos su personalidad anodina: Siempre se olvidaba de ponerles sal.
  3. Se quedaron incomunicados en el arcén. La nieve les impedía avanzar por carretera. Ninguno de los dos quiso que echaran sal para derretirla.
  4. Cuando le decían: “¡Qué salado eres!”, siempre apuntillaba: “Como los perros…”.
  5. Su única pretensión era consolarla. Consiguió contrarrestar la afluencia interminable de saladas lágrimas con una leve pero dulce sonrisa.
  6. Estaba atrapado en un atasco. Se bajó del coche. Se echó una pizca de la sal que acababa de comprar sobre su cabeza y desapareció.
  7. Al tomar la tarta, se sintió agobiado.  Pidió un tequila; chupó un limón con sal y bebió. Al siguiente “¡Vivan los novios!” ya no estaba.
  8. Cuando estaba a punto de llover, ingirió un poco de sal. Al caer sobre ella las primeras gotas, se evaporó entre las nubes. Y lució el sol.
  9. Se debatía entre las lágrimas de su esposa y las de su madre.  Acababa de ganar el premio al  mejor sumiller y las dos lo abrazaban.
  10. Sabía qué cantidad exacta de sal utilizar para derretir la nieve, excepto la que se interponía entre su esposa y él.
  11. Cuando terminó el segundo plato, a pesar de que estaba soso, aumentó su tensión. Al siguiente “¡Vivan los novios!” ya la había dejado sola.
  12. Lo echaron del restaurante por pedir sal gorda a la camarera con sobrepeso.
  13. Perdido en mitad del océano, tuvo la tentación de beber agua salada, pero no lo hizo: su amigo imaginario le recordó que podía enloquecer.
  14. Perdido en mitad del mar, tuvo la tentación de beber agua salada, pero no lo hizo aunque su amigo imaginario insistiera en que estaba sosa.
  15. Aquel cocinero que, distraído, no escuchó las indicaciones del jurado preparó el pescado a la sal que ganó el primer premio.
  16. Cogió un poco de barro, le echó la cantidad justa de sal y rehízo al hombre.
  17. Cuando en el transcurso de la cena preguntó: “¿Dónde está Judas?”, Pedro le respondió: “No sé, Maestro, creo que ha ido a por la sal”.
  18. Sabía que siempre se quedaba corto con la sal. En la cena para los Reyes arriesgó y se pasó del punto. Desde entonces, es republicano.
  19. Los platos eran nefastos. "¿Queréis envenenarme?", repetía al probar cada uno. Falleció al comer del único con el punto perfecto de sal.
  20. Viajó por medio mundo buscando un plato que aglutinara todos los sabores. Cuando le echó sal, descubrió que lo servía el bar de la esquina.
  21. Estaba a punto de convertirse en el mejor sumiller mundial pero lloró emocionado y cayó una lágrima en la copa de su última cata.
  22. Cada uno de los siete chefs de su restaurante tenía carta blanca para cocinar los platos pero sólo él podía echarles la sal.
  23. Le resultaba curioso que después de su miedo atroz a la muerte hubiera encontrado el equilibrio encerrado en un ataúd.
  24. Intentaron sobornarlo con un pata negra al punto justo de sal, pero era vegetariano.
  25. Desde que lo abandonó su esposa, todas las comidas le salen sosas o saladas.
  26. Se llevaba todos los honores de los platos que elaboraban los chefs de su cocina. Y lo veía lógico: Él era quien les ponía la sal.
  27. Era conocida como la familia al punto. Sus apellidos eran “Salinas Sosa”.
  28. Estuvo a punto de abandonarlo todo para fugarse con su amante. Cambió de idea al comer en casa un cocido al punto de sal.

Wonderland de Ràdio 4 (17 de enero)


Protagonista insurrecto
Se rebeló contra mí.  Intentaba que siguiera el camino trazado y se negaba. De nada sirvieron mis noches de insomnio, mis ausencias del mundo real, mis soledades. Y eso que el desenlace final era favorable para él. Modificaba sus diálogos, desaparecía de unas escenas y se inmiscuía en otras. El resto de personajes trataron de convencerlo de que su forma de actuar sólo acarrearía problemas para todos, pero él no pensaba lo mismo. Harto de su insumisión (de su insolencia) decidí matarlo. Pero fue aún peor: Desapareció de la historia escrita para presentarse de improviso en cualquiera de  mis pensamientos. 


El anterior microrrelato es uno de los tres finalistas  del Wonderland de esta semana.
Mi agradecimiento para Rosa Gil y los profesores de L'Art D'Escriure, así como mi enhorabuena para Belen Sáenz (ganadora) y para Rafael Olivares y Anna Jorba Ricart (finalistas).

lunes, 11 de enero de 2016

Cuenta 140 ("año nuevo")


Cuando terminaron las campanadas, de la tele surgió un genio que les dijo: “No os hagáis ilusiones. Vengo para cumplir los deseos de otros”.

El siguiente microrrelato resultó finalista del Cuenta 140 de El Cultural de El Mundo en la semana dedicada al "año nuevo".
Mi agradecimiento a Juan Aparicio Belmonte y a la revista.

Otros microrrelatos que corrieron peor suerte fueron:
  1. Tras la última visita al especialista, cada noche, a las 12 en punto, celebraba la llegada de un día nuevo. En Nochevieja hizo lo mismo.
  2. Cuando le dieron las doce uvas, sintió un mal presentimiento. Él las quería con piel y aquellas parecían haberlas pelado con una guadaña.
  3. Lo iban a fusilar tras sonar las doce campanadas. Nadie contaba con que se cumpliría su deseo de año nuevo.
  4. Consiguió escapar por un agujero de gusano que lo condujo hasta el planeta donde se materializaron todos sus deseos de años nuevos.
  5. Tras  dar las doce campanadas, sus acompañantes se transformaron en osos panda. Lo del interior de las uvas que tomó no eran pepitas.
  6. Para que se cumplieran, escribían sus deseos en papeles que quemaban durante las campanadas. Esa noche, lo hicieron en sus móviles.
  7. Me reuní con un grupo de amigos para celebrar la Nochevieja. A las 23:59 se fue la luz. A las 00:01 volvió. Sólo quedaba yo.
  8. El último hombre sobre La Tierra pidió, para año nuevo, no estar solo. Y se cumplió: Su acompañante se presentó guadaña en mano.
  9. Tras las campanadas, llegaban los abrazos que él siempre rehuía, pero esa noche, estando invitada la amiga de su hermana, decidió quedarse.
  10. Apareció de improviso para felicitarme el año nuevo. Tenía una especial habilidad para que se cumplieran mis pesadillas.
  11. A pesar de ser muy costosa, la cena fue excesivamente frugal. Todos los comensales se terminaron las uvas antes de la tercera campanada.
  12. En cuanto sonaron las campanadas, se puso muy contento. Cada año alternaba y éste tocaba tener como propósitos los contrarios del anterior.
  13. A los cinco minutos de la entrada de año ya se habían cumplido muchos de sus deseos y ninguno de los que la acompañaban.
  14. Intuyó que todo seguiría igual cuando el primer lunes del año, después de almorzar, puso la tele y vio a Jordi Hurtado.
  15. Redujo sus metas para año nuevo en cuanto miró su reloj y observó que marcaba el mismo ritmo.
  16. Prometió empezar un régimen estricto en el siguiente año nuevo. Por suerte para él, vivía en la estación espacial de Saturno.
  17. Aunque estaba de guardia, fue una de las entradas de año más felices que recordaba: por fin tenía trabajo.

lunes, 4 de enero de 2016

Cuenta 140 ("apretón de manos")

  1. Esperaba el resultado de unas pruebas. En cuanto entró en la consulta, notó que el médico le daba la mano de forma diferente a la habitual.
  2. Era un examen dificilísimo. Presagiaba que nadie aprobaría. Le llamó la atención que todos los alumnos le dieran la mano al terminar.
  3. Desconocía quién era esa muchacha que le tendía su mano. Nada más dársela, comenzaron a volar entre la gente sin que nadie los viera.
Los anteriores microrrelatos resultaron finalistas del Cuenta 140 de El Cultural de El Mundo en la semana dedicada al "apretón de manos". Mi agradecimiento a Juan Paricio Belmonte y mi enhorabuena al ganador: Joaquín Valls Arnau.

Otros micros que presenté con menos suerte fueron:
  1. Aunque estaba sin aire, no podía dejar de pensar cómo aquel tipo que le había dado la mano blanda era capaz de apretar tan fuerte su cuello.
  2. Engancharon sus manos, dieron un paso adelante y saltaron. Cuando los encontraron en el suelo, aún seguían unidos por las puntas de sus dedos.
  3. En cuanto los presentaron, prefirieron obviar el apretón de manos. Empezaron con un beso y continuaron con un cuerpo a cuerpo.
  4. Apretaron sus manos y formaron un corro para no dejarlo salir; pero se hizo de noche.
  5. Para celebrar su acuerdo, bailaron una sardana. El presidente se situó entre sus dos socios de gobierno. Uno apretaba la mano y otro no.
  6. Nadie podía intuir que con ese apretón de manos acaban de sincronizar sus líneas de la vida para siempre.
  7. El árbitro suspendió el partido antes de empezar. Los capitanes de los dos equipos rivales llevaban cinco minutos de apretón de manos.
  8. Cuando el sacerdote dijo: “Puedes besar a la novia”, sólo se atrevió a darle un apretón de manos. Su suegro miraba de reojo.
  9. El sicario daba siempre un fuerte apretón de manos a su próxima víctima. Cuando se lo dio a él, le hizo sentir otro tipo de apretón.
  10. Sospecharon que subirían las tarifas cuando vieron a los dueños de las dos únicas empresas del sector estrechando sus manos.
  11. Cuando iba solo, le negaba el saludo. Si lo acompañaba su bella esposa, le daba un caluroso apretón de manos.
  12. El teatro estaba lleno y ellos, entre el público. Cuando su hijo empezó a bailar, estrecharon sus manos y lloraron (a pesar de ser ciegos).
  13. Tras el terremoto, quedaron apresados entre los escombros. El condenado intentó liberar a su verdugo, pero éste se negó a darle la mano.