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sábado, 23 de diciembre de 2017

X Concurso de Microrrelatos Sol Cultural


Libre

Vivo en el parque. Adoro despertar con el canto de los pájaros, dar paseos entre las acacias y sentarme a la sombra del olmo a releer Papillon. No salgo. Almuerzo en el bar que hay cerca de la fuente o pido una pizza para que me la lleven a la entrada –mi móvil lo cargo gracias al apaño que hice en una farola–. Guardo mi ropa y una manta en el escondite que encontré junto al casón del estanque, donde me baño cuando cierran la puerta. Para dormirme, miro las rejas. Rogué que no me conmutaran la perpetua.


El anterior microrrelato, inspirado en la serie de fotografías que puedes ver más abajo, ha sido seleccionado por el jurado de la décima edición del Concurso de Microrrelatos Sol Cultural, de Santander. Aparecerá publicado en el libro que se editará en 2018. Vaya mi agradecimiento para el jurado y mi felicitación para los ganadores, finalistas y seleccionados.


 
 
Primer premio del Concurso de Fotografía Sol Cultural
“The River Great Ouse”
Darren Lee Marsh



En el enlace que dejo a continuación, puedes leer el fallo del jurado: 
http://www.solcultural.com/x-concurso-micro-relatos-2/ 

lunes, 18 de diciembre de 2017

Cuenta 140 ("Paredes de papel")



El crítico escribió que para desgracia de los vecinos las paredes del teatro tampoco hicieron bien su papel.

Ella se duchaba en el 5° B y él, en el A. Cantaban a dúo, ajenos a que en la letra C vivía un productor musical.


Los dos microrrelatos anteriores han sido mencionados en el Cuenta 140 de El Cultural de El Mundo en la semana dedicada a las "paredes de papel". Vaya mi agradecimiento para Juan Aparicio Belmonte y mi felicitación para Francisco Manuel Aguado, ganador con este tema.

Entre los otros microrrelatos que presenté, resultaron finalistas:


Ya habían detenido al asesino del administrador, pero las paredes eran tan finas que creía que los vecinos escuchaban sus remordimientos.

Su madre le aseguró que las paredes no hablaban. El niño fue a su habitación y, golpeando el gotelé, dijo: “¿Lo has escuchado? Cállate”.

Nuestra hija se fue a su habitación para hablar por teléfono. Más tarde, escuchando a los vecinos, nos enteramos de que estaba embarazada.

En el ascensor, mi escandaloso vecino guardaba silencio y temblaba. No le aclaré que era actor y que estuve ensayando mi papel de sicario.


http://www.elcultural.com/blogs_fecha/Cuenta_140/25/12/2017

domingo, 10 de diciembre de 2017

V Concurso de Microrrelatos de la san Silvestre Salmantina


A contratiempo
En cuanto dieron el pistoletazo de salida, la clave de sol despuntó en la segunda línea. El pentagrama se constituyó sobre el asfalto y arrancamos. Mi esposa Carmen corría a ritmo de semicorchea tras dos pequeñas fusas: nuestros gemelos que construían una escala ascendente de cuatro octavas con siete bemoles. Dos arpegios a su derecha, Mario (su amante) avanzaba en un sí sostenido con tempo Allegro, sonido en el que yo desafinaba desde que sólo escuchaba mi propio diapasón. Mientras intentaba alcanzarlo, me caí en un silencio de duración indefinida y tuve que esperar a que las notas de otros corredores me ayudaran a levantarme. Con sus ligaduras, consiguieron reintroducirme en la partitura de la carrera. Recuperé el compás y aceleré en un do de pecho. Aún podía formar un nuevo acorde con mi familia.


Tuve la alegría de que el anterior relato recibió el tercer premio del V Concurso de Microrrelatos de la San Silvestre Salmantina. Vaya mi agradecimiento para el jurado y la organización, así como mi enhorabuena para los demás premiados, mencionados y seleccionados.

Puedes leer el fallo del jurado y todos los microrrelatos premiados desde el siguiente enlace: 
http://www.sansilvestresalmantina.com/concurso-micro-relatos.php

sábado, 9 de diciembre de 2017

Wonderland (25-11-2017)



Amante religiosa
Lleva varios meses sin salir. Entra en un bar. Ve a una mujer que contonea sus caderas como olas con resaca. Anhela bañarse. Se acerca. Se presenta.  Se fija en la medalla del santo que cuelga de su cuello.  Van a su casa. Sobre el cabecero de la cama, un gran crucifijo observa. Ella le anuncia que es virgen. Él la lanza sobre el colchón y la penetra. Los gemidos se escuchan en la iglesia de enfrente, donde ella acude a confesar sus pecados. En pleno orgasmo,  él se enamora y pierde la cabeza. Ella llora sosteniéndola entre sus manos.



El anterior relato fue finalista del Wonderlnad de Ràdio 4 de RNE el pasado sábado, 25 de Noviembre. Muchas gracias a Àgnes Batllé, a Jordi Muñoz, al profesorado de la Escuela de Escritura del Ateneo Barcelonés y, por supuesto, a Rosa Gil.

Finalistas del Cuenta 140 entre septiembre y noviembre




Si dijera que el concurso del Cuenta 140 no resulta adictivo para mí, mentiría. Todas las semanas suelo enviar varios microrrelatos. Dejo por aquí los que fueron finalistas en los diferentes temas. Gracias por leerlos y os animo a participar si no lo hacéis.



El precio de las cosas
  • Después de diez años, aún sigue pagando a quienes lo ayudaron a ser presidente.
  • Antes de colgarse de la viga, dejó pegado al taburete una nota con los gastos del sepelio y los nombres de sus deudores.
  • Lo escondía en el sótano de su rancho. Antes de entregarlo, convenció al sheriff para que le añadieran un cero al cartel de "SE BUSCA".
  • Cuando sacaba un extracto de la cuenta bancaria, se deprimía; cogía la VISA y se iba de compras.


La pena de muerte
  • Al alba, fueron a por él. Por el camino, se cayó, lo levantaron, vomitó. Cuando subió al cadalso, más tranquilo, se negó a blandir el hacha.
  • Se sentó entre los familiares de las víctimas. Sonrió. Tras la muerte del condenado, se convirtió en el único que conocía su inocencia.
  • El condenado subió al cadalso. Al contrario que otras veces, la plaza estaba vacía. El verdugo propuso suspender la función.
  • Era el encargado de pulsar el botón para aplicar la inyección letal. Una tarde, recibió una llamada: lo citaban en la central de misiles.
  • El sueldo como verdugo le daba solvencia económica, pero necesitaba hacer horas extras como conductor de ambulancia para poder dormir.


La identidad
  • Al llegar a su casa, leyó la nota de suicidio que redactó el día anterior. Le encontró muchos peros y escribió otra para el día siguiente.
  • Siempre quiso ser como su vecino del 3° A. Una tarde, al llegar del trabajo, lo encontró con su mujer, hizo la maleta y se fue al 3° A.
  • Leyó sus tuits, sus retuits, sus “me gusta”, vio sus fotos, ojeó su perfil, creó una cuenta y se siguió.
  • Al llegar a la última página del libro, tuvo la sensación de que se trataba de su autobiografía.


El bastón
  • Prometió no especular con el terreno público. Mientras juraba el cargo, se le cayó el bastón de mando y lo recogió el concejal de Urbanismo.
  • Jugaba con el bastón de su abuelo entre las ruinas. Apuntaba al cielo como si fuera a cazar perdices. En la azotea, un francotirador lo vio


La frivolidad
  • Lloraba junto a la cama de su esposa moribunda. Cuando ya daba todo por perdido, escuchó el gol que forzaba la prórroga. (Este microrrelato fue el ganador semanal).
  • Tras la primera palada, escuchamos un grito. Sacamos apresuradamente el ataúd, lo abrimos. Nos reprochó que la hubiéramos vestido así.
  • Sus hijos, sentados junto a él, nunca lo habían visto así. Era la primera rueda de prensa a la que iban y se mostraba cariñoso y sonriente.
  • En plena batalla naval, nuestro capitán gritó: “¡B4!”.


El pelo
  • Lo invité a mi jardín. Mientras la lluvia lo mojaba, se le cayeron pelos sobre la tierra. Al día siguiente, asomaban las primeras cabezas.
  • Desobedeciendo a su padre, el rey, agarró a su madre de los pelos y se la llevó. En su habitación, a solas, se abrazó a la cabeza cortada.
  • Encontró el sepulcro de Cristo y en el interior de éste un pelo suyo. Lo utilizó para clonarlo, pero obtuvo una paloma que voló.
  • Conforme mejoraba su estado de ánimo, se dejó crecer la melena. Nos dio miedo verlo rapado, inmóvil sobre la cornisa.
  • Me dijo que iba a la peluquería. Volvió más despeinada que cuando hacíamos el amor.
  • Por primera vez encontraba una prueba: un vello púbico del violador en otra víctima irreconocible. Lo envió a analizar. Resultó ser suyo.


Los globos
  • El payaso aspiró el globo de helio y comenzó a hablar. Reíamos a carcajadas cuando disparó al primer rehén.
  • Para que se reconciliasen, les regalamos un viaje en globo. Desconocemos quién cayó primero.
  • En Halloween, la tutora repartió globos para que escribiéramos los monstruos que nos asustaban. El mío explotó al poner la tilde sobre papá.
  • Para limpiar su imagen, concedió una entrevista en su casa. Su hija irrumpió en escena portando un globo con publicidad de un banco suizo.


El punto de no retorno
  • Se dirigió hacia la iglesia con dudas. Al comenzar la boda, estaba seguro de su decisión, pero cuando el sacerdote le preguntó dijo que sí.
  • Fue hacia la luz con la esperanza de una nueva vida. Se quedó pegado a la fuente de emisión, electrocutado junto a otros como él.


La falta de oxígeno
  • Despertó dentro de uno de los ataúdes herméticos que él mismo fabricaba. Antes de quedarse sin oxígeno, sintió el calor de la incineradora.


La tila
  • Como último deseo, pidió una tila para su verdugo.
  • Estaba convencido de que lo citaban por el ascenso. Antes de sentarse, vio que todos tomaban café y que a él le habían servido una tila.
  • Junto a la tila todavía humeante que le había preparado, estaba su nota de suicidio.


El nuevo de la clase
  • Vino con el director. El terror se leía en su cara. Se sentó en el único sitio libre y, con voz tenue, nos hizo un dictado. (Este microrrelato fue el ganador semanal).
  • El equipo directivo no tenía referencias del nuevo alumno, pero les extrañó que pensara que el despacho del jefe de estudios era su clase.


La deformación profesional
  • Observaba cómo se introducía la cabeza del domador en la boca del tigre. Luego, recordó lo que le hizo un niño en su clínica dental.


El bronceado
  • Su esposa pensaba que seguía trabajando como albañil: tomaba el sol en camiseta en cuanto abandonaba la oficina de empleo.
  • Los miembros del tribunal le rogaron discreción, pero llamó la atención de todos al ser el único opositor bronceado.
  • Lo detuvieron en agosto. Estaba tan moreno que el testigo del asesinato, cometido en diciembre, no pudo identificarlo.
  • Todas las mujeres de la aldea sabían, de primera mano, que el señor feudal no estaba bronceado como sus maridos campesinos.
  • Cada 1 de septiembre, Peláez nos restregaba sus vacaciones. Este año, mientras hablaba de las Maldivas, su bronceado se diluyó con su sudor.


domingo, 12 de noviembre de 2017

Cuenta 140 ("La frivolidad")

Lloraba junto a la cama de su esposa moribunda. Cuando ya daba todo por perdido, escuchó el gol que forzaba la prórroga.


Este microrrelato fue el ganador del Cuenta 140 en la semana dedicada a "la frivolidad". Vaya mi agradecimiento para Juan Aparicio Belmonte y El Cultural.





Wonderland (11-11-2017)


En paz

Faltan un par de minutos para amanecer. Vienen a por mí. Me entra la llantina. Me sobrepongo y comienzo a dar los pasos de mi cruel camino. Tropiezo y caigo. Me ayudan a levantarme. No he cumplido ni diecinueve años, pero profeso un terrible pavor por la muerte. Tiemblo. A escasos metros del paredón, me pregunto si ser consecuente con mis ideas merece la pena. Me detengo y vomito. Miro a los soldados. Cuando el jefe del pelotón ordena fuego, estoy tranquilo y sólo pienso en la nueva vida que me espera: ni siquiera apoyo sobre mi hombro el fusil.


El anterior relato fue finalista del Wonderland de Ràdio 4 de RNE ayer, sábado 11 de noviembre de 2017. Ganó Lluis Talavera y fueron también finalistas: José Manuel Dorrego, Rafa Olivares, Juan Carlos Ferrer y Pilar Alejos.  Enhorabuena a todos.

martes, 10 de octubre de 2017

Finalista de la XI Edición de Relatos en Cadena



Otra
La ciudad del amor estaba plagada de mujeres. No me costó encontrar a otra de tu estatura y silueta. Sí que tuviera el color de tus ojos, la forma de tu nariz, tu boca…
Para solucionar el problema del pelo, le eché un tinte rubio y se lo corté a la altura de los hombros, como lo llevabas. Respecto a su voz, intenté suavizarla dándole miel. Aun así, su timbre era tan diferente que le rogué que no hablara. Y mira por donde, me di cuenta de que en silencio era clavada a ti. Sobre todo cuando me mirabas con esa cara de terror.

Este microrrelato resultó finalista de la cuarta semana de la XI Edición de Relatos en Cadena. La frase de inicio era "La ciudad del amor", se recibieron 1125 relatos y ganó Francesc Barberá (el otro finalista fue Enrique Medina).
Aquí tenéis el enlace al concurso: https://escueladeescritores.com/concurso-finalistas-rec-2017/ y en este otro enlace, el audio de La Ventana de La Ser: http://play.cadenaser.com/audio/cadenaser_laventana_20171009_180000_190000/#

viernes, 6 de octubre de 2017

VI Premio de Nanorrelato (Taller de Escritores)



LA MÁQUINA DEL TIEMPO 
Tras inventarla, decidió vivir el presente.

El anterior nanorrelato (no podía superar las 10 palabras, incluido el título) ha sido uno de los 6 finalistas del VI Premio de Nanorrelato, organizado por Taller de Escritores, en el que la ganadora (se ha llevado 600€ de premio. Vaya mi agradecimiento para Taller de Escritores y mi enhorabuena para María Rosa Terraf (no os perdáis su nanorrelato en el enlace del fallo del jurado). 

También resultó seleccionado, en una lista de 70, éste que presenté a concurso:

EL PRISIONERO CONTABLE
Vivía encerrado en una celda de Excel


El número total de nanorrelatos presentados fue: 2741.
Aquí tenéis el fallo del jurado: https://www.tallerdeescritores.com/premio-nanorrelato-2017-fallo



Cuenta 140 ("El nuevo de la clase")

Vino con el director. El terror se leía en su cara. Se sentó en el único sitio libre y, con voz tenue, nos hizo un dictado.

Este microrrelato fue el ganador del Cuenta 140 en la semana dedicada al nuevo de la clase...
Se lo agradezco a Juan Aparicio Belmonte y a El Cultural de El Mundo.


Wonderland (09-09-2017)


Adaptación al sistema
Cuando el dinero no era una preocupación, iban todos los sábados al cine, cenaban fuera y, una vez en casa, se acostaban para no dormir. Ahora, ambos han perdido el trabajo.  Él hace chapuzas arreglando lo que salga. Ella no dice nada. Tienen un piso a punto de embargo, dos niños pequeños –hoy, primer día del fin de semana, con la abuela–. Para rememorar otros tiempos, verán una película en la tele mientras toman algo. Luego, harán el amor.
Él no sabe que ella lleva la carga del nuevo contexto. Ella intentará olvidar que sólo a él le sale gratis.

Este microrrelato resultó ganador del Wonderland de Ràdio 4 de RNE. Vaya mi agradecimiento para Rosa Gil y el profesorado de la Escuela de Escritura del Ateneo Barcelonés.
Fueron finalistas: Pablo Núñez. Pilar Alejos, Anna Jorba, Mikel Aboitz, Manuel Menéndez. Enhorabuena.
Dejo un enlace con todos los microrrelatos:
http://blog.rtve.es/wonderland/2017/09/qu%C3%A9-consecuencias-puede-tener-la-resiliencia.html

miércoles, 4 de octubre de 2017

Ilusión

La vida es un cuadro por pintar,
un esbozo de la naturaleza
que el tiempo transforma en recuerdo.
Pinceladas de fértiles utopías
inundan los caudalosos ríos de la infancia
hasta que mueren en mares escépticos.
El aire se vicia con el hedor de batallas.
Los lienzos se llenan de colores abigarrados
que aniquilan la esperanza de ficción.
La esclavitud del hiperrealismo
gana terreno contra el expresionismo
inherente  a la evolución del hombre.
Pero a intervalos tenues de silencio,
sobreviven momentos reinventados
por pétalos que ayer fueron flor.
Desaparecen los promontorios
de las aguas navegables
y las interminables noches gélidas
vuelan con abrazos sin fecha de caducidad.
Quizá porque evocamos
un beso olvidado de nuestra madre.
Quizá porque los hijos nos transportan,
de nuevo,
a instantes donde todo era un juego
concebido sobre sueños de libertad.  


Segundo poema para #elclubdelospoetasvivos, de ZENDA.

Resistencia

No había dejado de mirarme
tras el cristal glauco
que empañaba mis transparencias.
Buscaba el regreso
de la sorpresa incólume.
A solas.
Luego en mi ausencia.
Sin mí.
Tú llorabas,
desvalijada por el viento altivo…
Yo reía por los rincones
llenos de prestidigitadores,
enajenado por mi resiliencia quimérica.
Luchaba con petirrojos nómadas
contra el asesino del firmamento aterciopelado.
No había escondrijos reservados
para la némesis de mis latidos,
ni miedo nimio para el umbral de mi disnea.
Porque nada importaba más
que llegar vivos a fin de mes.
Y aunque huéspedes intemporales del poder
sembraban guerras capciosas
sobre las grietas de la muchedumbre,
no estaba todo perdido.
Una brisa frugal
comenzaba a mostrar su sueño…
Más allá de la penumbra cincelada
por los dueños del materialismo,
vivía el inventor de los suspiros.
Y a  su lado,
el rey de los altruistas ambulantes.
Aunque tú,
todavía,
no habías dejado de llorar.
Ahora,
por el éxodo de nuestros hijos.

Poema para El Club de los Poetas Vivos (ZENDA) #elclubdelospoetasvivos

miércoles, 23 de agosto de 2017

Helados en diciembre

Tiré a la basura todos mis inviernos. Aunque el tiempo no me acompañaba, me deshice del abrigo, del jersey y de los pantalones largos. Me puse unas bermudas, una camiseta de manga corta de Springsteen y salí a la calle. Comenzaba a nevar. Los termómetros marcaban tres bajo cero, pero no tenía frío. 

Caminaba por la Plaza Mayor, intentando cicatrizar el "olvídame" que me dijo al despedirse cuatro meses antes. Nos encontramos bajo los soportales. Desconocía que estaba casada. Su marido llevaba un plumón, una bufanda y un gorro. Ella, un vestido de bambula de tirantes y, en su mano izquierda, un helado de chocolate.

Me alegró saber que también seguía inmersa en el verano.



Relato para #AmoresDeVerano, concurso de Zendalibros.com

Con mucho trabajo

Me escribió una carta y la introdujo en mi maletín sin que me diera cuenta. Al llegar a la fábrica, la descubrí entre los informes que Gómez me había pasado hacía un mes. Cerré la puerta del despacho y comencé a leer…  Sus primeras palabras eran de disculpa por no ser capaz de hablar conmigo cara a cara. A continuación, me confesaba que había conocido a otro hombre. Un hombre diferente: atento, cariñoso, comunicativo y buen amante –tuve que aflojarme la corbata y sentarme sobre el frío suelo del despacho–. Proseguía añadiendo que no se trataba de un amor de verano,  que había vuelto a ver amanecer no por insomnio, a pasear de la mano de un hombre del que estaba enamorada y no sola, a sentirse escuchada, deseada, única…   Me levanté para subir el aire acondicionado. La sensación de sofoco creció como la espuma de la orilla donde ella mojó sus pies junto al tipo que nombraba en la carta –este último pensamiento fue la gota que colmó el vaso de mis emociones–. Le dije a mi secretaria que me iba, que me encontraba fatal.  No recuerdo cómo conduje hasta casa, pero llegué.  Subí a la habitación.  Me topé con ella –tenía turno de tarde–  e hicimos el amor sin decirnos nada que no comunicasen nuestros besos. Después, sabiendo que los abuelos estaban a punto de llegar para traernos de vuelta a los niños, le prometí que, aunque para mí suponía una enorme decepción, pensaba sobreponerme a ese día. Y que este año me comportaría como su amante, el de las vacaciones que terminaron ayer: mi otro yo.


Relato para #AmoresDeVerano, concurso de Zendalibros.com

La muerte de Padre

Madre y Padre se llevaban mal, yo diría que desde siempre. Cuando a Padre le dio el infarto, Madre pidió que le hicieran una autopsia y nos permitieran estar como testigos. El forense hizo un corte profundo entre sus costillas, introdujo las manos y extrajo su corazón. Lo miró con detenimiento durante unos minutos. Luego, lo abrió por la mitad. De allí salió mi hermano pequeño, vivo, aunque no por mucho tiempo. Eso sí, en esta ocasión, al contrario que cuando el accidente de coche, pudimos despedirnos de él mientras se diluía entre las nubes surgidas del vapor de nuestro llanto.

Más tarde, para mayor sorpresa de todos, salió una mujer. Era Madre, cuando Padre se enamoró de ella aquel verano.




Relato para #AmoresDeVerano, concurso de Zendalibros.com

martes, 15 de agosto de 2017

Robinsones

Falta una hora para amanecer. Después de cinco días a la deriva sobre un tablón de madera,  la pareja de náufragos llega a una playa desierta. En la misma orilla, extenuados, se tienden, se abrazan.  Se quedan dormidos con la espuma de las olas mojando sus piernas. A mediodía, baja la marea. Es domingo. Despiertan completamente secos, rodeados de sombrillas y niños corriendo y salpicando arena. Tampoco es ésta su isla.


Ganador semanal en el concurso "Relatos con banda sonora", de La Ventana (Cadena SER).

http://cadenaser.com/programa/2017/08/14/la_ventana/1502731288_881556.html

domingo, 6 de agosto de 2017

Fundas para un viaje

Siempre he tenido como misión proteger a mi hija... Comencé siendo la funda de sus gafas: cuando eres niño, la vida entra por los ojos y va directa al corazón, y tenía que impedir que le llegase con arañazos o roturas...

Conforme fue creciendo, supe que no podía apartar todas las piedras de su camino, así que me transformé en funda para sus dientes. De esa forma pude ayudarla a masticar sus primeros sinsabores y, luego, a digerirlos...

Con los años, perfeccioné mi técnica... Cuando la veía cansada o nerviosa, me convertía en funda de colchón o sofá, dependiendo de su estado de ánimo... Y desde que se extendió el uso de las redes sociales -y sus peligros- he sido, en algunas ocasiones, la funda de su móvil. 

Ahora, mi hija es una mujer. Yo soy funda de guitarra. Pronto se irá con sus acordes, pero no me quedaré vacía: tengo grabada su música.




Relato presentado a "Esta noche te cuento". Tema: Viajeros y viajantes.

http://estanochetecuento.com/fundas-para-un-viaje-gabriel-perez/

martes, 25 de julio de 2017

Primer amor

Vivo en un pueblo costero en el que todos los hombres somos hijos o primos, pero no maridos. Nuestras madres, desde que nuestros padres -pescadores- se ahogaron aquella madrugada en un mar calmo, decidieron perforarnos los tímpanos y dejarnos sordos. Y mantienen que lo hicieron por nuestro bien… Cuando careces de uno de los cinco sentidos, los otros cuatro se desarrollan de manera sorprendente: somos capaces de leer libros en la oscuridad, de distinguir el olor de nuestras mascotas a un kilómetro de distancia, y de paladear el aire y sentir cómo la brisa marina traspasa nuestra piel hasta hacernos creer que volamos.

Ahora, son las mujeres las que se dedican a la pesca. A nosotros no nos permiten acompañarlas, pero el hambre cambia la opinión de cualquiera… Como los peces escasean, convenzo a mi madre para que me permita poner en práctica mis cualidades como olfateador… Salgo con ellas en el barco. Por precaución, me encierran en la bodega. Huelo un banco de jureles a media milla de nuestra posición. Navegamos hacia él.  Simulo un ataque de pánico y claustrofobia para que me dejen subir a cubierta. Desde la proa, mis hermanas y primas recogen las redes atestadas de peces. A su lado, mi madre y mis tías ríen y aplauden -la tristeza muere entre las palmas de sus manos-. Yo me dirijo a la popa. Comprendo lo que debió sentir Beethoven el día del estreno de su novena sinfonía. Todo el cuerpo me vibra de forma hipnotizadora gracias al canto de la joven que asoma la cabeza desde el agua. La amo. Me ama. Y suplica que me hunda con ella.



#UnMarDeHistorias (Concurso de zendalibros.com)

domingo, 23 de julio de 2017

Fortaleza de arena

Un niño de cuatro años llega a una playa vacía.  Junto a unas redes rotas, encuentra un cubo y empieza a construir un castillo con tres torres -una para su madre, otra para su hermana y otra para él-.  Al terminarlo, observa que le ha quedado muy cerca de la orilla -ha subido la marea- y las olas podrían hacerlo desaparecer como nuestras huellas.  Con sus propias manos, cava un foso y levanta una muralla para protegerlo. Cuando se acerca a su hermana y a su madre con la intención de despertarlas y enseñarles su fortaleza, aparece la guardia civil y recoge los cuerpos de ambas, tendidas boca abajo sobre la arena.
El mar arrasa dos de las torres mientras se llevan al pequeño a un centro de inmigrantes. 



#UnMarDeHistorias (Concurso de zendalibros.com)

Gigante marino

En el mar no existe el tiempo. Puedes ver  al temido buque de Barbanegra en una regata con el USS Enterprise; o a una lancha de desembarco de la Segunda Guerra Mundial fondeada junto a una nave vikinga cerca del acantilado de acero vitrificado.  En la mayoría de las ocasiones, esos mismos barcos libran entre sí duras contiendas sin que, curiosamente, muera nadie. Si algún pirata, marinero o soldado cae herido y toca fondo, hay delfines, sirenas e incluso tiburones que lo salvan del ahogamiento…  A los navegantes anónimos, refugiados que, tal y como aparecen en las noticias, surcan las aguas hacia destinos quiméricos, los rescato yo personalmente.  Y no es que sea Poseidón, aunque también ejerza cierto mando…

El mar me hechiza. Me apasiona.  Me parece un lugar fastuoso, pero me confunde que aseguren que es azul: me dejo bañar por sus olas a diario y sé que es blanco, con la excepción de aquella tarde que me adentré en él vistiendo un pantalón añil que desteñía. En cuanto me vio mamá, me enganchó de las axilas y me sacó de la bañera.



Este relato (que a algunos os sonará porque publiqué, anteriormente, en "Esta Noche te Cuento") fue uno de los relatos seleccionados para el concurso #UnMarDeHistorias (de zendalibros.com). Resultó ganadora Fabiola Yáñez y finalista Ernesto Ortega. Muchas felicidades a ambos.

Dejo el enlace con todos los relatos: https://www.zendalibros.com/seleccion-de-relatos-del-concurso-unmardehistorias/

lunes, 26 de junio de 2017

Quinto microrrelato para Zenda (#historiasconorgullo)

Sorpresas

Ocultaba a todos mi orientación sexual. Mi madre me lanzaba indirectas como que su principal objetivo en la vida era que yo fuese feliz sin importarle lo que me gustase o no. Que sintiese lo que sintiese, yo era su hijo y un orgullo para ella. Entonces, le daba un abrazo y un beso, pero no le decía, explícitamente, que era gay.  No hasta que reuniera el valor para contárselo primero a mi padre.
Cuando por fin me vi preparado para dar el paso, pensé que éste se llevaría un mal rato, incluso que dejaría de hablarme, pero no fue así.  No sólo no se enfadó conmigo, sino que me abrió la puerta para abandonar, después de mí, el armario.

Cuarto relato para Zenda (#historiasconorgullo)

Dos cafés a medias

Nuestra relación era similar a la de una pareja que vive en la distancia y la sobrelleva… Laura estudiaba oposiciones para notaría. Sólo nos veíamos dos veces al mes y  en la cafetería de debajo de su casa.

Desconozco si era por influencia  del ambientador o de la luz tenue, pero nada más entrar en aquel local, se me erizaba el vello desde los pies a la cabeza. Luego, esos labios marcados acariciando la taza para sorber, redoblaban en mi pecho tambores de batucada.  Pero el gesto que me llevaba a perder el control, y subía mi temperatura hasta cifras que no registra ningún termómetro, era el que hacía cuando miraba hacia arriba para estirar el cuello: tenía problemas de cervicales y así intentaba liberar sus vértebras. En ese momento, envidiaba a Drácula. De forma automática, me sobrevenía una erección que no disimulaba ni cruzando las piernas. Laura -mucho más atrevida que yo- se daba cuenta… Sonreía, sacaba unas monedas del bolso y las dejaba sobre la mesa. Con los cafés todavía humeantes, subíamos a su casa para follar. Mientras, mi mente seguía sentada en la cafetería.

Frente a mí, Ana, la hermosa dueña, tomaba un cortado al otro lado de la barra, y no podía apartar mi mirada de ella. Por suerte,  estaba en la misma línea visual que Laura y resultaba imposible que ésta se diera cuenta…

Mi fijación por Ana llegó a ser tal, que me acabé enamorando de ella, aunque nunca fui capaz de decirle nada. Para mí, bastaba con pensar en ella mientras me acostaba con Laura. Para Laura, no: entre semana, después de almorzar, bajaba a tomar un café y se sentaba en la barra.  Ana y ella se hicieron amigas. Ni Laura ni Ana tardaron en decírmelo. Con orgullo.

Tercer microrrelato para Zenda (#historiasconorgullo)

Razones disociativas

En su trastorno de doble personalidad, su otro yo era mujer…  Y se enamoró de ella -también ella de él-. Dormidos, se soñaban juntos, dando paseos por La Rambla antes de que las hojas de los plataneros cayesen sobre sus cabezas. Despertaba solo -o sola, dependiendo del día-. Mientras su cama se expandía hacia ninguna parte, sus personalidades desarrollaron otros yos múltiples similares: mujeres enamoradas de hombres, hombres de mujeres, mujeres de mujeres, hombres de hombres.  Relaciones posibles, únicamente, en los sueños de un enfermo de amores. Amores que no entendían ni de sexos ni de sesos.  Con orgullo y sin orgullo. Locos, como todos.

Segundo microrrelato para Zenda (#historiasconorgullo)

Un rey

Estudiaba en un colegio en el que sólo había chicos. Le apasionaban las flores y una mañana, a primeros de octubre, entró en el aula con un clavel sobresaliendo del bolsillo exterior de su mochila. Se sentó en su sitio, lo sacó con orgullo y lo dejó tendido sobre la parte delantera de su mesa.
Desde ese momento, los demás niños comenzaron a llamarlo “bujarra”.  Él, en lugar de amilanarse, llevó al día siguiente una rosa; al otro, una gardenia; al otro, un tulipán…
Las mofas hacia su persona se estandarizaron. Parecía que las soportaba con estoicidad, haciendo  como si no le afectasen, como si no le importaran.  Pero su mayor deseo era que algún compañero lo defendiera alguna vez  o  que tuviera el valor para regalarle una  de las pequeñas margaritas que crecían en el patio tras las porterías de fútbol.  Lo que jamás soñó fue recibir tantas flores como hoy, ni distribuidas en una corona con la leyenda: “Tus amigos de clase no te olvidan”.           

Primer microrrelato para Zenda (#historiasconorgullo)

El secreto

Al escuchar decir a mis compañeros de clase que los monstruos viven en los armarios, me llené de orgullo y perdí el miedo. Tengo al mejor héroe protector posible: papá. Una vez, mientras jugaba al escondite con mi hermana, vi, oculto tras el sofá, cómo entraba en el salón con su amigo Juan, cerraban la puerta y se besaban durante un rato más largo que cuando lo hace con mamá. 

domingo, 18 de junio de 2017

Tercer relato para el concurso de Zenda Editorial "Palabras al viento"

Soliloquio de compañía

Dijeron que yo no era un árbol caducifolio, pero hubo un verano en el que el viento de levante se llevó todas mis hojas.  Ella dejó de sentarse en el banco en el que yo no daba sombra y me sentí muy triste. Llegó el otoño.  Luego el frío invierno.  Mis ramas se cubrieron de nieve y tuve que aferrarme a las raíces para sobrevivir. Con la venida de la primavera, me salieron hojas nuevas y ella regresó.
Ahora ha pasado otra vez. No me da miedo  quedarme para siempre sin hojas o que ella no vuelva. Lo que me aterra es que ya nadie busque mi sombra.

Segundo relato para el concurso de Zenda Editorial "Palabras al viento"

Escalador incansable

Acaba de alcanzar la cima del K2 sin necesidad de oxígeno. La euforia por coronar su primer ochomil lo lleva a olvidar las dificultades de un ascenso en solitario. Saca el móvil para echar unas fotos. Cuando decide hacerse un selfie, ve a su espalda una puerta erguida, solitaria, perfectamente cerrada. A pesar de las rachas de viento, ni cimbrea. Se gira. Se acerca despacio. No se atreve a abrirla. Le aterra la idea de que tras ella se halle una escalera que conduzca al cielo. No podría resistirse a subirla y hace rato que padece el mal de altura.

Primer relato para el concurso de Zenda Editorial "Palabras al viento"

La bicicleta estática
“A” vive solo. Hace cinco años que no sale a la calle. Su trabajo, programador informático, le permite hacerlo desde casa.
De pequeño, era un niño extrovertido al que le encantaba relacionarse. Ahora, no se ve más que con su amigo “B”, médico de profesión, que lo visita con frecuencia para intentar, sin éxito, llevárselo de cañas.
Pero a “A” no le preocupa ni su existencia monótona ni su soledad (aunque añora su niñez, en la que siempre estuvo acompañado). Tampoco otros aspectos relacionados con su salud, como su pálido color de piel -a pesar de que toma el sol a diario en su pequeña terraza- o su agorafobia acompañada de un miedo atroz al viento. A “A” le preocupan esos quince kilos que ha cogido desde que no pisa la calle. Tanto que, para perderlos, ha comprado una bicicleta estática por Internet.
Acaba de llegarle. Desembala la caja. Al contrario de lo que creía, la bici viene montada -le llama la atención la leyenda de la pegatina del manillar: “ÚNICO EJEMPLAR EN EL MUNDO”-. Sin vestirse con ropa de deporte, se sienta y comienza a darle a los pedales. Al principio, eufórico. Con el tiempo se va desinflando. Sin embargo, no se detiene hasta recorrer 10 km.
Arrastrando los pies, se dirige al baño, se mira en el espejo y se lleva un susto descomunal: ha envejecido varios años (uno por cada kilómetro recorrido, aunque esto aún no lo sabe). Agobiado, llama a su amigo “B”. No responde. Vuelve a intentarlo. Sigue sin dar señales. Con las pocas fuerzas que le quedan, busca el manual de instrucciones de la bici (sólo es una hoja). En él lee, para su asombro, que lo que le ha ocurrido es un efecto adverso contemplado por el fabricante. Una línea más abajo, para su tranquilidad, se aporta la solución para rejuvenecer: pedalear hacia atrás, siempre sentado sobre el sillín.

Entonces, vuelve a subirse. Echa mano de las fuerzas que su ilusión inventa y pedalea. Pedalea y pedalea. Incluso aumenta el ritmo... Y es tal su entusiasmo que no se da cuenta de que ya no le alcanzan los pies a los pedales… Y el sillín no baja más. Ya no baja más…