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lunes, 26 de junio de 2017

Segundo microrrelato para Zenda (#historiasconorgullo)

Un rey

Estudiaba en un colegio en el que sólo había chicos. Le apasionaban las flores y una mañana, a primeros de octubre, entró en el aula con un clavel sobresaliendo del bolsillo exterior de su mochila. Se sentó en su sitio, lo sacó con orgullo y lo dejó tendido sobre la parte delantera de su mesa.
Desde ese momento, los demás niños comenzaron a llamarlo “bujarra”.  Él, en lugar de amilanarse, llevó al día siguiente una rosa; al otro, una gardenia; al otro, un tulipán…
Las mofas hacia su persona se estandarizaron. Parecía que las soportaba con estoicidad, haciendo  como si no le afectasen, como si no le importaran.  Pero su mayor deseo era que algún compañero lo defendiera alguna vez  o  que tuviera el valor para regalarle una  de las pequeñas margaritas que crecían en el patio tras las porterías de fútbol.  Lo que jamás soñó fue recibir tantas flores como hoy, ni distribuidas en una corona con la leyenda: “Tus amigos de clase no te olvidan”.           

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